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la Gutina

 

Caminando por las calles de mi pueblo (en realidad, la calle) me encuentro con una vecina que me cuenta que el antiguo campo de futbol de los maristas se encontraba a las afueras del pueblo (ahora separado de él por las vías del tren de alta velocidad). Este estaba delimitado por enormes cipreses que a la vez que mantenían la pelota dentro del campo, evitaban que el fuerte viento de la tramontana entrara con fuerza en él.

-No les vendría nada mal una buena poda a esos viejos árboles! Me dijo

Enseguida salí en su búsqueda, y allí los encontré. Un perfecto rectángulo de cipreses en medio de la nada. Los árboles estaban en buen estado, aunque muy descuidados. Realmente, necesitaban un buen corte de pelo. Aquella fue mi primera recolección de ciprés. En las horas que pasé allí, protegido bajo su alargada sombra, más de una vez creí escuchar el agitar de las sotanas corriendo al viento, los pelotazos y algún que otro secreto juramento dicho entre dientes.

 

El viejo campo de futbol

 

El hidrolato y el aceite esencial resultante son de una calidad exquisita.

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