El corredor de les morelles

 

Estoy sentado en el sepulcro del Corredor de les Morelles, pasado Els Vilars de Espolla.

El dolmen, está a pocos metros del GR11, perdiéndose garganta abajo. El enclave no da lugar a dudas. La energía aquí es poderosa y la vista de una magia discreta pero evidente. No hay nada especialmente monumental, pero algo en las líneas del horizonte, el sonido del agua allá abajo, la vegetación…la combinación de muchos y pequeños elementos, da al total un encanto difícil de ignorar.

El silencio, o más bien el estruendo, de una naturaleza en su máximo esplendor, es apenas interrumpido por algún vuelo low cost con destino a Girona. Lo demás son pájaros, zumbidos de insectos, agua desbordada ( ha llovido últimamente) y viento. Como se les ocurrió enterrar a sus allegados precisamente aquí, es un misterio. No parece, en absoluto, un lugar de paso y mucho menos en aquellos tiempos, en los que no había más caminos que los marcados por los animales en sus migraciones. Seguramente se guiaban por otros parámetros, que nosotros , hoy, estamos lejos de percibir y comprender. Quizás todo fue mucho más sencillo y simplemente los enterraron allí donde perdieron su vida, luchando contra un oso, un jabalí o una manada de lobos. Sea como sea, emociona pensar que nuestros ancestros encontraron aquí reposo y que, como nosotros, aquí se recargaban de una energía primigenia.

 

 

Aquí las matas de bruc (Erica scoparia) tapizan las laderas de las montañas con una espesura verde intensa. También abunda la estepa blanca ( cistus albidus) y la argelaga. Matas aisladas de cap d’ase, romero y tomillo hacen las delicias de las abejas y confieren al ambiente su peculiar aroma, que hoy, tras las lluvias es de una frescura e intensidad embriagadora.

 

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